Los efectos del cambio climático y la gestión de los recursos hídricos son las principales causas de la escasez de agua en el mundo. Si a esto le sumamos la contaminación que sufren numerosas corrientes de aguas, como mares, ríos o lagos, estamos ante una catástrofe natural que se nos avecina, poco a poco sin darnos cuenta.
De toda el agua presente en el planeta, muy poca es para el consumo humano. Un 90% es agua salada, un 2% está en los polos, y sólo un 1% es dulce y apta para beber. Esta última está presente en ríos, lagos y corrientes subterráneas.
Gran parte del agua dulce es utilizada en la agricultura, pero un sistema de irrigación ineficiente causa pérdidas económicas y provoca serios problemas de contaminación. En países pobres como la India, esta agua desperdiciada se estanca, transformándose en un foco de enfermedades, como la malaria.
Más de 2.000 millones de personas en todo el mundo viven sin acceso a una red de saneamiento, es decir un 18% de la población mundial, causa principal de contaminación y de proliferación de enfermedades. Miles de personas mueren cada año a causa de enfermedades generadas por el consumo de agua no potable o por alimentos contaminados. Algunas de estas enfermedades son el dengue y el paludismo, que afectan sobremanera niños, embarazadas y ancianos.
La escasez de agua y la pobreza están interrelacionadas de forma directa, y afectan principalmente a las comunidades más pobres y vulnerables.
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